Buenas,
Mientras algunos políticos siguen prometiendo que todo se arregla con amor y cuatro eslóganes, tú decides pasar un sábado de compras por Barcelona y acabas atrincherado en El Corte Inglés mientras una panda de energúmenos arrasa comercios.
Todo por unos servicios públicos de calidad, naturalmente.
Y qué mejor manera de reivindicarlos que llevarte un ordenador de PcComponentes, unas pulseritas de Pandora y unas zapatillas de JD por la cara.
Mientras los disturbios de los antisistema se dejan notar por nuestro continente, la todopoderosa Alemania empieza a temer convertirse en la nueva Francia.
Resulta que algunos economistas alemanes están alertando de una costumbre cada vez más extendida: combatir cualquier crisis aumentando masivamente el gasto público.
¿Que la economía no crece?
Más gasto.
¿Que las empresas pierden competitividad?
Más subvenciones.
¿Que tenemos problemas estructurales?
Otro presupuesto extraordinario.
Y así, poquito a poco, vamos sustituyendo las reformas por cheques y las soluciones por deuda.
Porque gastar dinero puede aliviar una crisis, pero no convierte automáticamente una economía poco competitiva en una máquina de producir riqueza.
Reformar y mejorar, ya si eso, otro día.
Pero no todo va a ser oscuridad y caos.
Resulta que el 78% de los jóvenes españoles considera necesario ahorrar para complementar su futura pensión.
¡Aleluya!
Mientras algunos jubilados siguen reclamando nuevas subidas de sus pensiones, parece que las nuevas generaciones empiezan a entender de qué va realmente la película.
Que el dinero no cae del cielo, que las cuentas tienen que cuadrar y que confiar exclusivamente en que el Estado les pague una pensión digna dentro de treinta o cuarenta años puede acabar siendo un salto al vacío sin red.
Más vale tener un plan B que esperar a que los políticos hagan milagros con el dinero de los demás.
Y entre tanto disparate, la inteligencia artificial sigue en modo Skynet, descubriendo vulnerabilidades críticas en sistemas utilizados por medio planeta.
Hasta la primera ministra japonesa salió a dar la voz de alarma.
¿Y aquí?
Pues nada nuevo.
Un aviso técnico que no parece haber recibido toda la difusión que merecía y nuestro Ministerio de Transformación Digital más entretenido con sus habituales batallitas políticas que centrarse e intentar explicar al ciudadano lo que realmente importa.
Pero tranquilos…, que ministerios y asesores tenemos a punta pala.
Y pase lo que pase, por favor, que no nos falten las terracitas, las cervezas bien frías y un buen clásico de fútbol.
Que mientras haya espectáculo, parece que lo demás puede esperar.
Circulen.
Sigamos.
🛋️ Desde mi sofá: mercados y realidad
La inteligencia artificial, mientras encuentra agujeros de seguridad a diestro y siniestro, sigue prometiendo revolucionar el mundo por enésima vez, y las bolsas siguen sin encontrar motivos para irse al carajo.
Por su parte, Francia no sabe cómo salir de su agujero de deuda, las familias ven cómo la inflación se come sus ahorros y los gobiernos siguen buscando nuevas formas de recaudar hasta por respirar.
Y, mientras tanto, Lula vuelve a ganar en Brasil, recordándonos que la política también tiene su particular manera de poner patas arriba las expectativas de los mercados.
Lula gana y el índice brasileño se va por el sumidero.
Mientras los «lulistas» descorchan el champán, el resto anda buscando quién va a pagar la cuenta.
Y yo, sinceramente, cada vez tengo más claro que intentar entender los movimientos de las bolsas a golpe de titular es una magnífica forma de acabar más perdido que un pulpo en un garaje.
Porque una cosa es lo que sucede en la economía y otra muy distinta lo que los inversores creen que sucederá mañana.
Y ahí está precisamente la gracia del asunto.
Los mercados pueden subir con malas noticias, bajar con buenas y hacer exactamente lo contrario de lo que parecía lógico cinco minutos antes.
Por eso, prefiero recordar, una vez más, que invertir no consiste en acertar la próxima noticia, sino en tener una estrategia que no dependa de acertarla.
⚡️ Flashes de la semana
🚨 Microsoft propone salidas voluntarias a 60.000 empleados, una cuarta parte de su plantilla.
😱 El pasado martes un fallo de Google Cloud en Europa provocó una caída global en aplicaciones como la de Revolut que impidió los pagos con tarjeta.
⚡️ Iberdrola gana 5.816 millones hasta septiembre, un 9,6% más y refuerza sus activos en redes.
🏠 Los sindicatos minoritarios planean más movilizaciones por la vivienda tras la huelga.
👨🏻🏭 Los trabajadores podrán prolongar de forma indefinida la reducción de jornada por cuidado de hijos con enfermedad grave incluso cuando cumplan 26 años.
🇦🇷 El Gobierno de Milei planea recortar otros 20.000 empleos públicos en Argentina.
🇨🇳 El PIB de China se acelera al 4,5% en el tercer trimestre.
🏦 La facturación de las empresas se dispara un 9,1% en agosto, su mayor alza en más de tres años.
⛽️ Repsol prepara una fuerte mejora de la retribución a sus accionistas tras los resultados del verano.
🛢 La UE rechaza extraer gas y petróleo en el Ártico pese a la crisis energética.
🇨🇱 Acciona tropieza en Chile con su macroplan de 9.000 millones en eólica marina.
🏦 El Sabadell impulsa Bizum Pay en 340.000 comercios e incorpora a Eroski y Burger King a su despliegue.
📉 Netflix decepciona con su previsión de ingresos y con la publicidad.
📈 SpaceX pulveriza previsiones y Musk abre la puerta a una fusión con Tesla.
💸 La Generalitat Valenciana aprueba ayudas de 6.000 euros por los daños de la DANA en viviendas.
🫰🏻 El Gobierno garantiza la subida salarial del 4,5% de los funcionarios pero sin concretar fecha para aprobarla antes de elecciones.
🎓 El presupuesto de Aragón para Educación aumentará un 20% en 2027 y se convocarán oposiciones con 900 plazas para docentes.
💻 Anthropic registra unas pérdidas históricas de 80.000 millones de dólares antes de su salida a Bolsa.
🇸🇬 Singapur abre la puerta a que España indemnice a NextEra con 291 millones por el recorte de las renovables.
⚡️ Enagás ganó 204 millones hasta septiembre y mantiene sus objetivos para el ejercicio.
👓 Multiópticas acelera su expansión para abrir tiendas en seis países de Latinoamérica.
🇫🇷 La prima de riesgo francesa rompe la barrera de los 150 puntos tras las protestas.
📉 General Motors cae con fuerza tras recortar su previsión de beneficios para 2026.
💻 Salesforce compra Braze por 5.660 millones de dólares y redobla su apuesta por la IA.
📉 Schneider cae tras cerrar una ampliación de 6.000 millones para financiar la compra de PTC.
💹 El PP reducirá los tramos del IRPF y deflactará todos ellos cada año.
🏥 El presupuesto de Sanidad en Aragón aumentará un 24% en 2027 hasta los 3.100 millones.
🇦🇷 Milei anuncia en Madrid que Argentina exportará gas natural por primera vez en 2027.
💻 Meta dispara un 39% su beneficio hasta septiembre gracias al negocio publicitario y la inteligencia artificial.
🚘 Tesla gana un 19,5% menos hasta septiembre por el aumento de las inversiones en inteligencia artificial.
📈 El beneficio de Bankinter aumenta un 11% hasta septiembre y alcanza los 901 millones.
🏢 Metrovacesa eleva sus ingresos a septiembre un 75% y anuncia un dividendo de 1 euro en diciembre.
🚀 JPMorgan aumenta su precio objetivo para SpaceX $SPCX hasta $500 desde $240, manteniendo su calificación de sobreponderar.
🏠 Andalucía dispara un 22% el presupuesto de Vivienda y roza los 1.000 millones para 2027.
🏦 Catalá eleva el presupuesto de Valencia a 1.361 millones, un 8,8% más para el año electoral.
👶 UNICEF propone a España una prestación universal por crianza de 150 euros al mes por menor compatible con el Ingreso Mínimo Vital.
🧑🏻⚖️ Repsol frena en los tribunales el pago de más de 270 millones del gravamen que impuso Sánchez a las energéticas.
💻 IBM supera previsiones y gana 2.800 millones, un 12% más, en el tercer trimestre.
🏭 Fain invertirá 106 millones en su nueva sede industrial y campus tecnológico en Rivas-Vaciamadrid.
🛒 Dia eleva un 11,4% sus ventas en el tercer trimestre, hasta 1.987 millones.
🇧🇷 La inesperada victoria de Lula en Brasil sacude al mercado y hunde los ETF del país.
🌍 Rusia apunta que la guerra le costará a Ucrania más de 473 millones al día en 2027.
🇻🇪 La líder opositora María Corina Machado regresa a Venezuela.
🇪🇸 Dimite el delegado del Gobierno en Madrid tras quedar fuera de las listas del PSOE al 29N.
🇺🇸 Audi abrirá su primera fábrica en EE UU para esquivar las pérdidas provocadas por los aranceles de Trump.
🤔 ¿Y eso para qué sirve?
Hace unos días Elon Musk volvió a hacer de las suyas.
Presentó un Tesla Roadster capaz de acelerar de una forma prácticamente absurda, circular boca abajo y hasta despegar unos instantes del suelo gracias a una tecnología desarrollada junto con SpaceX.
Una auténtica barbaridad.
Y, como no podía ser de otra manera, las redes sociales se llenaron de comentarios.
Muchos decían que era “fake”.
Que era imposible.
Que si vaya tontería.
Que si eso no sirve para nada.
Que si es un juguete para multimillonarios.
Que si quién necesita un coche que vuele.
Y yo, mientras leía semejantes comentarios, no podía dejar de pensar en lo mismo.
¿Pero de verdad seguimos sin entender cómo funciona el progreso?
Evidentemente, nadie necesita un coche que pueda despegar del suelo para ir a comprar a Mercadona.
Como tampoco necesitamos un Fórmula 1 para llevar a los niños al colegio.
Ni necesitábamos que alguien se empeñara en llegar a la Luna.
Pero resulta que buena parte de las tecnologías que utilizamos actualmente existen porque alguien, en algún momento, decidió intentar algo que parecía absurdo.
En 1978, por ejemplo, el ingeniero Gordon Murray diseñó para Brabham un Fórmula 1 con un gigantesco ventilador en la parte trasera que aspiraba el aire bajo el coche y conseguía pegarlo literalmente al asfalto.
Aquel invento, conocido como el Brabham BT46B, debutó en el Gran Premio de Suecia con Niki Lauda al volante y ganó la carrera con una superioridad aplastante.
¿Y sabéis lo más curioso?
Que, pese a cumplir la normativa de entonces, nunca volvió a competir.
Las presiones de los equipos rivales llevaron a Bernie Ecclestone, propietario de Brabham, a retirarlo después de aquella única carrera.
Una carrera, una victoria y un 100% de efectividad.
Casi cincuenta años después seguimos explorando soluciones basadas en principios similares.
Porque lo verdaderamente importante de una demostración tecnológica no es lo que permite hacer hoy, sino las posibilidades que abre para mañana.
Quizá nunca conduzcamos un coche que vuele.
Pero puede que los conocimientos adquiridos terminen mejorando los sistemas de frenado, la estabilidad, la seguridad o la eficiencia de vehículos completamente normales.
Y entonces nadie se acordará de aquellos que preguntaban para qué servía semejante invento.
Algo parecido ocurrió cuando Tesla presentó el Model 3.
¿Os acordáis?
Que si las lavadoras con ruedas.
Que si aquello no tenía autonomía.
Que no se podía viajar con él.
Que si los eléctricos eran una moda para cuatro iluminados.
Que si era un coche para ricos.
Mientras tanto, Tesla seguía desarrollando baterías, motores, software y sistemas de fabricación.
Y hoy prácticamente todos los grandes fabricantes tienen vehículos eléctricos en sus catálogos.
Y si no, mira todas las marcas chinas que están llegando al mercado…
Algunas ofrecen una relación calidad-precio difícil de batir.
No sé vosotros, pero a mí estas cosas me hacen reflexionar.
Porque tengo la sensación de que vivimos en una sociedad donde cada vez resulta más sencillo criticar a quien intenta hacer algo extraordinario que reconocer el mérito de intentarlo.
Parece que nos hemos acostumbrado a llamar innovación a cualquier ocurrencia.
¿Un tapón de plástico que se queda enganchado a la botella?
Y ojo, que cada medida tendrá sus defensores y sus argumentos.
Pero permitidme que personalmente me emocione bastante más ver a alguien intentando revolucionar el transporte, la robótica o la exploración espacial.
Una cosa es regular lo que ya tenemos y otra muy distinta inventar lo que todavía no existe.
Y aquí es donde aparece algo que me preocupa especialmente.
La mentalidad que estamos transmitiendo a las próximas generaciones.
Parece que últimamente hablamos muchísimo de los límites del planeta, de los problemas que vienen y de todo aquello a lo que tendremos que renunciar.
Y bastante menos de nuestra capacidad para encontrar soluciones.
Yo prefiero pensar que los grandes desafíos deberían servir precisamente para despertar el ingenio humano.
Que el problema energético nos lleve a desarrollar mejores baterías.
Que el envejecimiento de la población impulse la robótica.
Que las enfermedades animen a los científicos y médicos a seguir investigando.
Y que nuestros hijos crezcan pensando en todo lo que pueden llegar a construir, no solamente en todo aquello que deberían dejar de hacer.
Porque, si algo demuestra la historia, es que la humanidad ha avanzado gracias a personas que no aceptaron que las cosas tenían que seguir siendo como siempre.
Pero… ¿qué tiene que ver todo esto con nuestras inversiones y nuestra búsqueda de libertad financiera?
Pues muy sencillo…
No estamos simplemente comprando fondos o acciones.
Estamos participando en el futuro.
Cuando invertimos en empresas estamos adquiriendo pequeñas participaciones en negocios que desarrollan productos, investigan nuevas tecnologías y compiten por hacer las cosas mejor.
Y aunque comprar acciones en el mercado secundario no supone financiar directamente sus proyectos, la existencia de mercados de capitales facilita que las empresas puedan crecer y obtener financiación.
Por eso me gusta especialmente la inversión indexada global.
Porque no necesito saber quién inventará la próxima revolución.
Ni si será Tesla, Nvidia, una farmacéutica o una compañía que todavía no conocemos.
Tampoco necesito acertar qué tecnología terminará imponiéndose.
Me basta con tener una cartera diversificada que me permita participar en el crecimiento de muchas de esas empresas.
Evidentemente, no todas triunfarán.
Habrá proyectos que fracasen, tecnologías que terminen olvidadas y compañías que desaparezcan.
Y una empresa extraordinaria tampoco tiene por qué ser una buena inversión a cualquier precio.
Pero sigo pensando que apostar de forma diversificada por la capacidad de innovación y crecimiento de las empresas es una de las mejores maneras de participar en el progreso económico a largo plazo.
Por eso, cuando veo demostraciones como la del nuevo Roadster, no me pregunto cuánto costará o si algún día podré aparcar uno en mi garaje.
Me pregunto qué tecnologías estaremos utilizando dentro de diez o veinte años gracias a experimentos como ese.
Y, sinceramente, me ilusiona pensar que una pequeña parte de mi patrimonio pueda estar invertida en las empresas que los harán posibles.
Quizá deberíamos empezar a admirar un poquito más a los científicos, ingenieros, emprendedores e inventores que se atreven a intentar cosas aparentemente imposibles.
Más reconocimiento a quienes desarrollan tecnologías capaces de cambiar nuestras vidas y menos obsesión por convertir en referentes a determinados personajes simplemente porque acumulan millones de reproducciones en sus redes sociales.
Personalmente, puestos a levantar monumentos, prefiero uno dedicado a quienes nos acercan al futuro que otro a la celebridad de moda.
Porque, aunque a veces nos cueste verlo, el progreso comienza muchas veces con algo que aparentemente no sirve para nada.
Y mientras algunos siguen preguntándose para qué queremos todas esas tonterías, yo tengo bastante clara mi respuesta.
Para seguir avanzando.
Y, de paso, para seguir invirtiendo en quienes hacen posible que avancemos.
Suerte.
Y esto ha sido todo por hoy.
¡Hasta pronto! 👋🏼
Salva
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