Buenas,
Ya estoy de nuevo por tu buzón de correo…
A mí lo que ya no me sorprende es que España siga funcionando con ese sofisticado sistema de gestión que consiste en esperar a que el problema sea enorme para convocar una reunión urgente sobre el problema que ayer todavía no era urgente.
Ceuta es probablemente el mejor ejemplo.
El 30 de julio entraron irregularmente en la ciudad decenas de miles de personas procedentes de Marruecos.
Una locura.
Según ciertas informaciones, en redes sociales se animaba a llevar a cabo la “invasión”, pero lo curioso del asunto es que nuestro Estado posee una capacidad tecnológica formidable cuando mira en la dirección correcta (para ellos).
Supuestamente, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia puede analizar miles y miles de publicaciones en redes sociales y determinar cuántas contienen mensajes racistas o xenófobos.
Tras la crisis de Ceuta detectó 78.476 mensajes en apenas 25 días y casi 10.000 solo entre el 29 y el 31 de julio.
Me parece estupendo que se persigan amenazas, incitaciones a la violencia y comportamientos delictivos.
Pero permíteme una pregunta bastante elemental.
Si podemos localizar decenas de miles de mensajes después de que ocurra una crisis, ¿no sería todavía más interesante ser capaces de detectar antes los grupos públicos donde se estaba organizando precisamente esa crisis?
Pero bueno…
Ahora todo lo arreglan enviando dinero.
Mucho dinero.
Que si euros de emergencia, planes de recuperación, créditos extraordinarios, millones para atención humanitaria…
Se habla de unos 400 millones que saldrán del bolsillo de todos y que se podrían haber “ahorrado” si los observatorios estuvieran mirando lo que debían mirar.
Pero lo más chocante para mí no es eso.
Ahora es cuando aparece una de esas maravillosas peculiaridades del dinero público: nunca hay suficiente hasta que, de repente, hay muchísimo.
Para conseguir unos pocos millones de euros para los enfermos de ELA casi tuvo que aparecerse la Virgen de Lourdes porque, según el Gobierno, no había dinero, pero ahora por arte de magia salen 400 millones vete tú a saber de dónde.
Y esto conecta con algo que llevo diciendo bastante tiempo: conviene que organices tu vida suponiendo que, cuando llegue un problema serio, tengas que apañártelas solo.
No esperes al Estado como si de Superman se tratara, porque igual caes en el intento.
No significa que no necesitemos Estado, ojalá.
Significa exactamente lo contrario: precisamente porque lo necesitamos para determinadas cosas, deberíamos exigirle que las haga extraordinariamente bien.
Defender fronteras.
Garantizar seguridad.
Administrar justicia.
Atender emergencias.
Proteger a quien verdaderamente lo necesita.
Y gastar nuestro dinero como si le hubiera costado ganarlo sudando sangre.
Pero bueno… saquemos algo de ilusión de estos días pasados.
Moderna y Merck anunciaron resultados positivos en fase 3 para su vacuna personalizada contra el melanoma. Y aquí la palabra vacuna puede confundir un poco porque no estamos hablando de una vacuna que te pones para evitar tener cáncer.
La idea es bastante más impresionante.
A una persona con melanoma se le extirpa el tumor, se analiza genéticamente para descubrir cuáles son sus mutaciones particulares y, con esa información, se fabrica una vacuna de ARN mensajero diseñada específicamente para enseñar al sistema inmunitario de ese paciente a reconocer las células cancerosas si vuelven a aparecer.
Una vacuna hecha prácticamente a medida.
Es pronto, pero suena bien y da esperanza para seguir avanzando contra la lacra del cáncer.
Aquí va un ejemplo de cómo la inversión en ciertas compañías no consiste únicamente en mirar gráficos verdes y rojos.
Cuando inviertes en empresas estás financiando, indirectamente, a gente que intenta hacer cosas que hace veinte años parecían ciencia ficción.
Y hablando de inversión…
Si no inviertes, tu dinero vale menos este mes que el pasado, ya que el viernes conocimos el dato adelantado de inflación de agosto: 4,3% interanual, siete décimas más que en julio y la mayor tasa desde febrero de 2023.
Un 4,3%.
El principal culpable han sido los carburantes y la energía, afectados por las tensiones en Oriente Próximo y el estrecho de Ormuz.
La inflación subyacente, al menos, bajó una décima hasta el 2,9%.
Y que no se te olvide que, aunque la subyacente haya bajado una décima, sigue subiendo, pero más despacio.
Es como si después de que alguien te dé ocho martillazos por minuto celebraras que ahora solo te da tres.
En definitiva, vuelvo de estar algo “desconectado” del mundo y mi sensación es que ciertos problemas hacen que tenga menos fe en las instituciones.
Pero otros hacen que tenga muchísima más fe en la humanidad.
Y para rematar…
Te recuerdo que tienes una responsabilidad bastante sencilla: depender lo menos posible de que alguien venga a rescatarte.
Porque si algo nos recuerda este verano es que el Estado te puede prometer protección, ayuda, cuidados, preservar tus ahorros y resolver tus problemas.
Pero para tu tranquilidad financiera hay una regla que sigue funcionando bastante mejor:
“Organízate como si no fuera a llegar a tiempo”.
Sigamos.
🛋️ Desde mi sofá: mercados y realidad
Esta semana creo que merece la pena levantar un poco la mirada y olvidarnos por un momento de si nuestras posiciones suben o bajan un X%.
Los tipos de interés de la deuda a largo plazo están alcanzando niveles que no veíamos desde hace muchos años en Estados Unidos, Alemania, Francia o Japón.
Y eso empieza a ser un problema porque cuanto más tiene que pagar un Estado para conseguir que alguien le preste dinero, más difícil resulta sostener unas deudas que no han parado de crecer.
Estados Unidos, por ejemplo, dedica ya una cantidad enorme de dinero simplemente a pagar los intereses de lo que debe.
Y aquí es donde la cosa se pone interesante.
Warsh aprovechó Jackson Hole para insistir en que la inflación sigue siendo demasiado alta, que el objetivo del 2% no se negocia y que no tiene ninguna prisa por bajar los tipos.
El mensaje fue duro y los mercados reaccionaron en consecuencia.
Pero, al mismo tiempo, el Tesoro estadounidense está intentando precisamente lo contrario: conseguir que el coste de financiarse a largo plazo baje.
Y ambas cosas son difíciles de mantener durante mucho tiempo.
Si quieres tipos elevados para combatir la inflación, tienes que asumir que financiar una montaña de deuda será cada vez más caro.
Y si quieres abaratar esa deuda, tarde o temprano tendrás que hacer algo para que los tipos bajen, con el riesgo de volver a alimentar la inflación o debilitar el dólar.
Por eso sigo pensando que mi tesis de mantener una parte importante de la cartera en activos reales, especialmente oro, continúa teniendo bastante sentido.
No sé qué hará el oro la semana que viene, ni dentro de tres meses. Pero sí sé que las deudas siguen creciendo, financiarlas cuesta cada vez más dinero y los gobiernos tienen un margen de maniobra cada vez menor.
Y esas tres cosas, para mí, pesan bastante más que cualquier discurso en Jackson Hole.
⚡️ Flashes de la semana
🇮🇷 EEUU e Irán intercambian ataques por primera vez desde julio.
🌍 Trump se lanza a por el mapamundi: ordena cambiar el nombre del Lago Ontario y amenaza con cambiar también el del Océano Atlántico.
🏭 Mars invertirá 85 millones de euros y creará 29 empleos en su planta de comida para mascotas de Arévalo.
🇪🇸 Los partícipes de los planes de pensiones se han reducido en 235.000 desde 2021.
🏦 La Administración se quedará con el saldo de las cuentas bancarias sin movimientos durante los últimos años, pero debe avisar a sus titulares con tres meses de antelación.
🇩🇪 Alemania eliminará la prejubilación a los 63 años con el 100% de la pensión y mantiene su plan de retrasar la jubilación a los 70 antes del final de siglo.
🏥 La Seguridad Social concede la baja con el 100% del sueldo a los trabajadores que donen órganos o tejidos, incluso sin cotizaciones.
🏦 Los futuros jubilados recibirán más del doble de pensión que lo cotizado a la Seguridad Social.
🎓 Los estudiantes internacionales en España aportan 8.300 millones a la economía.
🇺🇸 El PIB de EEUU crece un 0,4% en el segundo trimestre.
🇨🇺 Trump prorroga el bloqueo a Cuba hasta septiembre de 2027.
😱 Más de 55.000 renuncias a herencias: las deudas y el coste fiscal disparan el rechazo.
✈️ EEUU dispara la venta de combustible de aviación a España tras la crisis de escasez por la guerra de Irán.
🪙 La posible salida de Strategy de los índices MSCI pone en riesgo su fórmula para acumular bitcoin.
🏠 El Supremo bendice las comisiones de apertura de las hipotecas si son transparentes y no superan el 1,5%.
⛽️ La rebaja fiscal del gasóleo aumenta hoy a 20 céntimos.
👗 Shein, la reina del poliéster y la moda rápida, sale a bolsa hoy con el reto de hacer rentable enviar un vestido por 10 euros desde China.
🛢 Venezuela anuncia que el pacto petrolero con EEUU será de 25 años y mantendrá la soberanía sobre sus recursos.
🇮🇸 Islandia rechaza en un ajustado referéndum reabrir las negociaciones para ingresar en la Unión Europea.
🚢 Navantia se posiciona para contratos de 5.000 millones en Reino Unido en plena crisis naval británica.
💸 Partners Group se queda sin tiempo para refinanciar 6.000 millones.
💰 El capital riesgo en España cierra solo siete fondos con menos de 600 millones en el primer semestre.
📉 La taiwanesa Unimicron cae un 10% en Bolsa por una investigación sobre fraude en el origen de productos chinos.
🚙 La china BYD eleva beneficios por primera vez en cinco trimestres gracias a la exportación.
🍅 La campaña del tomate para uso industrial se dispara un 10% por el tirón de las exportaciones.
🏥 Almeida recalifica 448.000 metros cuadrados de la ciudad deportiva del Real Madrid para oficinas y hospital privado.
🛣️ Ferrovial cae un 5% en Bolsa por las dudas de UBS sobre su nueva autopista en EEUU.
🏦 El BBVA coloca 2.300 millones de dólares en una emisión estructurada en tres tramos.
🚑 Desde hoy mismo la Seguridad Social notifica las bajas médicas o la incapacidad permanente solo por internet: hay 10 días de plazo para no perder la prestación.
🏦 Trade Republic empieza a ofrecer fondos de inversión ‘value’ de AzValor, Cobas y Magallanes desde 1 euro.
🏠 El euríbor encadena seis meses al alza y vuelve a acariciar el 3% en agosto: las hipotecas se encarecen unos 900 euros al año.
🏨 Stoneshield, Azora y Meridia captan 3.000 millones para comprar pisos, hoteles y logística.
🚛 EEUU demanda a Amazon por cobrar de más a sus anunciantes.
🏦 Banca March vende otro 41% de Inversis a Euroclear por 221 millones.
✈️ La plantilla de Airbus rechaza suspender temporalmente la huelga con un 81% de los votos.
🪙 Revolut se suma a la carrera por las ‘stablecoins’ en euros y lanza EURR.
💶 Hacienda vigilará los ingresos de dinero en efectivo de los contribuyentes que usen billetes de 500 euros, independientemente de la cantidad.
🇪🇸 El Gobierno bonificará al 75% la contratación de trabajadores en Ceuta y Melilla.
🏦 Grupo Correa gana 6,4 millones hasta junio (+2,5%) y eleva su cartera a 126,5 millones.
🥇 Oro vs bonos largo plazo
Antes de empezar, una advertencia importante.
Olvídate por un momento de los libros de economía, de las curvas de tipos y de las explicaciones llenas de palabras en inglés.
Y, por supuesto, no te guíes por lo que yo te cuente e infórmate bien antes de realizar cualquier tipo de inversión.
Imagina que estamos en la barra de un bar, con una cerveza en la mano, y que soy tu cuñado intentando explicarte cómo veo yo este asunto.
Seguramente simplificaré demasiado algunas cosas, me dejaré matices por el camino y algún economista tendrá ganas de tirarme la caña de cerveza a la cabeza.
Pero para entender la idea general, creo que sirve.
Porque últimamente veo cada vez más gente hablando de los ETFs de bonos americanos de muy largo plazo.
Esos que compran deuda de Estados Unidos con vencimientos superiores a veinte años y que, además, pueden llevar la divisa cubierta para que el movimiento del dólar frente al euro no sea el protagonista de la inversión.
Y siempre aparece la misma pregunta.
¿Tiene sentido comprarlos ahora?
Pues como casi todo en inversión...
Depende.
La tesis es bastante sencilla.
Ahora mismo la deuda americana de muy largo plazo ofrece rentabilidades por encima del 5% anual.
Nada mal si lo comparamos con lo que ofrecía hace apenas unos años.
Pero la gracia no está solamente en esa rentabilidad.
La verdadera apuesta consiste en pensar que los tipos de interés a largo plazo terminarán bajando.
Porque cuando bajan las rentabilidades que exige el mercado a los nuevos bonos, los bonos que ya existen y ofrecen unas condiciones más atractivas aumentan de valor.
Y cuanto más largo sea el plazo del bono, mayor suele ser ese movimiento.
Por eso los bonos de veinte o treinta años son una especie de montaña rusa.
Cuando los tipos largos suben, pueden caer con fuerza.
Cuando bajan, pueden pegar alegrías bastante importantes.
Pero aquí hay una pequeña trampa que conviene explicar antes de pedir la segunda cerveza.
Cuando decimos que “si bajan los tipos, subirán los bonos”, estamos simplificando bastante.
La Reserva Federal controla fundamentalmente los tipos de interés a corto plazo, pero no puede ordenar al mercado cuánto tiene que exigirle a Estados Unidos por prestarle dinero durante veinte o treinta años.
Puede ocurrir perfectamente que la Fed empiece a bajar tipos y, aun así, los bonos largos no suban como esperábamos.
¿Por qué?
Porque los inversores pueden seguir preocupados por la inflación, por el déficit público, por la cantidad de deuda que Estados Unidos tendrá que emitir durante los próximos años o, simplemente, porque exijan una rentabilidad mayor para prestar su dinero durante tres décadas.
Y esto es bastante importante.
Porque desmonta esa idea tan sencilla de:
“La Fed va a bajar tipos, compro bonos a 20 o 30 años y me forro”.
Puede ocurrir.
Pero no tiene por qué ocurrir.
Hasta aquí todo parece más o menos sencillo.
Pero ahora viene la pregunta incómoda.
¿Y si los tipos largos no bajan?
¿O peor todavía?
¿Y si siguen subiendo?
Entonces la película cambia completamente.
Esos mismos bonos que hoy parecen una oportunidad pueden seguir perdiendo valor durante bastante tiempo.
Puedes estar obteniendo una rentabilidad interesante de la cartera, sí.
Pero ver cómo tu inversión cae un 15%, un 20% o incluso más mientras esperas puede no ser precisamente agradable.
Y aquí es donde mucha gente mete también al oro en la conversación.
Porque el oro tampoco suele llevarse especialmente bien con unos tipos de interés reales elevados.
Piénsalo.
Si puedes obtener una rentabilidad real atractiva prestándole dinero al Gobierno de Estados Unidos, hay parte del dinero que puede preferir esos bonos frente a un metal que no paga intereses.
Tiene cierta lógica.
Por eso muchas veces vemos que cuando suben los tipos reales, el oro sufre.
No siempre.
Y ese “no siempre” es bastante importante.
Porque no todos los tipos altos significan lo mismo.
Una cosa es que los bonos americanos paguen mucho porque la economía está fuerte, la inflación está controlada y el mercado considera atractiva esa rentabilidad.
En ese escenario el oro puede tenerlo complicado.
Pero existe otro escenario completamente diferente.
Imagina que los inversores empiezan a decir:
“Amigo, con toda la deuda que estás acumulando, los déficits que tienes y todo el papel que vas a tener que colocar durante los próximos años, para prestarte mi dinero durante treinta años quiero que me pagues bastante más”.
Ahí la película cambia.
Porque los tipos largos estarían subiendo no porque todo vaya estupendamente, sino porque el mercado exige una prima mayor para financiar a Estados Unidos.
Y ese escenario podría ser malo para los bonos largos y, al mismo tiempo, bueno para el oro.
El oro dejaría de competir simplemente contra “un bono que paga el 5%” y empezaría a funcionar como alternativa ante la pérdida de confianza en la deuda, en las monedas o en el poder adquisitivo futuro del dinero.
Y entonces podríamos encontrarnos con algo aparentemente absurdo:
Bonos americanos pagando un 5% o más y cayendo de precio mientras el oro continúa subiendo.
Ahí es donde empiezan realmente las diferencias entre ambos activos.
Porque el oro no juega exactamente la misma partida.
El bono largo es una apuesta bastante directa sobre los tipos de interés a largo plazo.
El oro es una apuesta mucho más amplia.
Es una cobertura frente a la pérdida de poder adquisitivo de las monedas, frente a crisis de confianza, problemas geopolíticos y, en general, frente a ese tipo de situaciones en las que los inversores empiezan a desconfiar del sistema.
De hecho, puede ocurrir también el escenario contrario.
Imagina que la economía entra en una recesión importante.
La inflación se desploma.
Los bancos centrales empiezan a bajar tipos y los inversores vuelven a comprar deuda de largo plazo.
Ahí los bonos largos podrían hacerlo extraordinariamente bien.
Y el oro también podría subir si, además de la recesión, aparecen dudas sobre la deuda pública, las monedas o la estabilidad financiera.
Es decir, tampoco sería raro ver subir a ambos al mismo tiempo.
Ahora imagina otro escenario.
La economía sigue fuerte.
La inflación no termina de desaparecer.
Los bancos centrales mantienen tipos elevados durante más tiempo y el mercado continúa exigiendo rentabilidades altas a los bonos de largo plazo.
Ahí probablemente los bonos largos sufran.
El oro tampoco tendría necesariamente un camino fácil si los tipos reales continúan siendo elevados, aunque podría aguantar mucho mejor si al mismo tiempo aparecen preocupaciones por los déficits públicos, la deuda o la pérdida de confianza en las divisas.
Entonces...
¿Con qué me quedaría yo?
Pues, otra vez, depende de la apuesta que quieras hacer.
Si tu idea es que dentro de uno o dos años los tipos de interés a largo plazo serán claramente más bajos que ahora, la inflación estará controlada y no habrá grandes dudas sobre la capacidad de Estados Unidos para colocar su deuda, un ETF de bonos americanos de larga duración puede tener mucho sentido.
Y si lo compras con la divisa cubierta, además eliminas buena parte de las oscilaciones entre el dólar y el euro, aunque esa cobertura tampoco es gratis y tiene un coste.
Si, en cambio, tu preocupación principal es proteger patrimonio frente a errores de los bancos centrales, inflación a largo plazo, déficits públicos persistentes, pérdida de poder adquisitivo del dinero o una posible pérdida de confianza en la deuda pública, probablemente el oro siga siendo un compañero más lógico.
Y si eres de los que piensa que pueden darse ambas cosas en distintos momentos, tampoco es ninguna locura combinar los dos activos.
Al final, uno apuesta sobre todo por el comportamiento de los tipos de interés a largo plazo.
El otro apuesta, en buena medida, por la confianza que seguimos teniendo en el dinero y en el sistema.
Y aunque muchas veces se muevan en direcciones parecidas, las razones por las que suben o bajan no siempre son las mismas.
Por eso quizá la pregunta no sea solamente:
“¿Van a subir o bajar los tipos?”
Quizá haya una pregunta todavía más importante:
“¿Por qué están subiendo o bajando?”
Porque no es lo mismo que los tipos estén altos porque la economía va como un tiro que porque el mercado empieza a ponerse nervioso con la inflación, los déficits o la deuda.
Así que, como diría mi cuñado antes de pedir otra ronda...
No se trata de descubrir cuál es el activo perfecto.
Se trata de entender qué escenario estás comprando sin darte cuenta.
¿Tú con cuál te quedas? ¿Uno, ambos o ninguno?
Suerte.
Y esto ha sido todo por hoy.
¡Hasta la semana que viene! 👋🏼
Salva
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