Lo que cabe en una mochila - Vivirtiendo #242
“Más vale moneda en mano que castillo lejano”
Buenas,
Voy a ser lo más breve posible con la entradilla, que hace mucho calor y los pequeños terminan hoy el curso.
Hablando de hijos… si le haces una transferencia de 6.000 euros al tuyo, ya puedes ir preparando justificantes, explicaciones, árbol genealógico, análisis de sangre y una carta manuscrita explicando que no estás financiando una república bananera.
Pero luego lees determinadas noticias sobre patrimonios, joyas, sociedades, intermediaciones, amistades, consultorías sin contrato claro y empresas raras, y parece que todo entra dentro de la normalidad democrática.
Será que la normalidad democrática tiene una puerta VIP.
También tenemos al Estado preparándose para pagar otros 9.000 millones de euros por errores legislativos, después de más de 21.000 millones ya abonados desde que gobierna Sánchez.
Y aquí viene mi parte favorita: cuando un ciudadano se equivoca, paga.
Cuando una empresa se equivoca, paga.
Cuando un autónomo se equivoca, paga, con recargo, intereses, sanción y, si hace falta, sacrificio ritual.
Pero cuando legislan mal, cuando aprueban normas defectuosas, cuando generan inseguridad jurídica o cuando los tribunales tumban ocurrencias carísimas, paga usted.
Pago yo.
Pagamos todos.
Y esto es importante entenderlo: la mala legislación no es gratis.
Cada norma mal hecha, cada impuesto mal diseñado, cada decreto chapucero y cada improvisación que acaba en los tribunales se transforma en dinero que sale del mismo sitio de siempre: del bolsillo del contribuyente.
Por eso la seguridad jurídica importa.
Porque sin seguridad jurídica no hay inversión, no hay confianza, no hay vivienda, no hay empresas y no hay futuro.
Hay parches.
Y por desgracia, en nuestro país últimamente son todo parches y chapuzas.
Hablemos de vivienda, porque aquí el Banco de España ha puesto una cifra sobre la mesa que debería dar vergüenza a más de uno: faltan unas 750.000 viviendas.
Setecientas cincuenta mil.
No setenta y cinco.
No siete mil quinientas.
Tres cuartos de millón.
Y aun así seguimos escuchando soluciones mágicas basadas en intervenir, topar, señalar, prohibir, castigar y mirar mal al propietario, como si las casas aparecieran por generación espontánea después de aprobar un real decreto.
Claro que hay abusos.
Claro que hay zonas tensionadas.
Claro que hay un problema social enorme.
Pero si durante años dificultas construir, eternizas licencias, demonizas al arrendador, generas inseguridad jurídica y conviertes la vivienda en un campo de minas regulatorio, luego no te sorprendas si falta oferta.
Y en medio de todo esto, el Gobierno anuncia que aprobará en el último Consejo de Ministros de junio un nuevo plan anticrisis con ayudas fiscales y económicas para proteger al tejido productivo y a la ciudadanía del impacto de la guerra en Irán.
Otra vez: nuevo real decreto ley, nuevas medidas, nuevo envoltorio, nueva épica protectora.
La palabra “anticrisis” hasta en la sopa.
Hasta que recuerdas que llevamos años encadenando planes anticrisis, escudos sociales, ayudas temporales, prórrogas, rebajas fiscales de emergencia y medidas excepcionales que duran más que algunas hipotecas.
Para cerrar, casi me ahorro los comentarios sobre la retirada del pasaporte a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, y sobre el caso Zapatero y la imputación de sus hijas.
Casi.
Veremos si no intentan “cortarle” la cabeza al juez Peinado por atreverse a poner a la Primera Dama a la altura de un ciudadano normal y corriente.
Y sobre el expresidente… me quedé sin palabras al escucharle decir que no sabía lo que era una empresa offshore.
Se ve que a sus seguidores los tiene encandilados y enamorados, e incluso Sánchez sigue empeñado en defenderlo a capa y espada, transmitiendo confianza y empatía familiar.
Muy humano todo.
Pero yo, por prudencia financiera y por salud mental, hace tiempo que decidí no poner la mano en el fuego por nadie.
Y menos aún por quienes llevan demasiados años viviendo cerca del poder, de sus pasillos, de sus puertas giratorias y de sus casualidades perfectamente sincronizadas.
Sigamos.
🛋️ Desde mi sofá: mercados y realidad
Esta semana me quedo con una sensación bastante clara: los bancos centrales empiezan a asumir que la inflación ha venido para quedarse más tiempo del que nos gustaría.
La eurozona vuelve a ver subir los precios, Japón acaba de elevar los tipos al nivel más alto desde 1995 y la Reserva Federal ha dejado un mensaje que el mercado no esperaba escuchar: la inflación seguirá siendo un problema y podría no volver al 2% hasta 2028.
El dinero barato no parece que vaya a volver pronto.
Y eso cambia muchas cosas, desde las hipotecas hasta la forma de valorar empresas o inversiones.
Mientras tanto, el culebrón de Oriente Medio sigue pareciéndose cada vez más a un patio de colegio.
Un día parece que el acuerdo para reabrir Ormuz está prácticamente cerrado y al siguiente vuelve a congelarse.
Resultado: el petróleo ya no sabe si subir o bajar y el mercado tampoco tiene muy claro qué escenario descontar.
Por si fuera poco, en Europa tampoco faltan sobresaltos.
La renuncia de Keir Starmer como Primer Ministro de Reino Unido vuelve a recordarnos que la estabilidad política dura lo que dura y que cualquier cambio de liderazgo puede mover los mercados hacia un lado u otro.
Incluso Goldman Sachs ha rebajado su previsión para el oro porque cada vez ve menos probable que haya bajadas de tipos este año.
Sinceramente… prefiero no sacar conclusiones precipitadas.
Llevamos meses viendo cómo el mercado cambia de relato cada dos por tres.
Por eso sigo pensando lo mismo: menos intentar adivinar el próximo titular y más centrarse en construir una cartera capaz de aguantar tanto si vienen curvas… como si finalmente no llegan.
Y, por favor, no concentréis vuestro patrimonio en un único activo. Cuando todo va bien parece la mejor decisión del mundo, pero basta con que el mercado cambie de opinión para llevarse una buena cornada.
Diversificar puede parecer aburrido… hasta que deja de serlo.
⚡️ Flashes de la semana
💥 El Supremo condena a Ábalos a 24 años y tres meses de cárcel, a Koldo García a 19 años y ocho meses y a Aldama a cuatro años y medio.
🏠 El Banco de España insta a limitar los pisos turísticos ante la crisis socioeconómica de la vivienda.
📉 El absentismo pulveriza su récord histórico: se disparó al 7,68% en 2025.
🏠 Las hipotecas sobre viviendas marcan récord en abril y el interés sube al 2,90%.
🛍️ El Corte Inglés eleva su beneficio un 22,8% y alcanza un volumen de ingresos de 17.247 millones.
🛢️ Técnicas Reunidas ampliará el campo petrolífero Upper Zakum de Abu Dabi, uno de los mayores del mundo.
🚙 Renault y Thales lanzan un vehículo táctico que convierte los drones y la IA en armas de coordinación terrestre.
🏦 CEX Capital aprueba la inversión de dos millones de euros en una industria auxiliar de la construcción.
✈️ Boost Air aterriza en Valencia con una inversión de 40 millones en un hangar de mantenimiento de aviones.
👍🏻 Madrid sube al 99% la exención en Sucesiones y Donaciones para facilitar el relevo en la empresa familiar.
📈 Bon Preu eleva su facturación un 7,9% hasta los 2.611 millones.
❤️ Nueva donación de Amancio Ortega: 7,8 millones para construir un centro para entidades sociales en Carballo.
💸 Las ‘telecos’ cifran en hasta 40.000 millones el coste de sustituir a Huawei.
🏨 Radisson busca doblar su cifra de hoteles en España hasta 2030.
🇶🇦 La familia real de Qatar vende la casa más cara de la historia de EEUU por 400 millones de dólares.
☎️ La teleco portuguesa Meo prevé la salida pactada de 1.200 trabajadores.
🚋 CAF eleva el dividendo un 14%, hasta los 1,52 euros por acción.
🏦 El Santander, el BBVA y CaixaBank compartirán información para prevenir el fraude bancario.
🏠 Una villa en La Moraleja se vende dos veces antes de construirse y supera los 14 millones de euros.
💶 Elma Saiz cifra en 11.000 millones la recaudación del Mecanismo de Equidad Intergeneracional.
💰 Aragón se sitúa en el top 3 de la inversión extranjera en España con el 11% de los fondos por la tecnología, energía, logística e industria.
💊 Novo Nordisk espera aprobar la pastilla de Wegovy en China para adelantar a su competidora Eli Lilly.
📶 Las conexiones globales de telefonía móvil 5G superan los 3.000 millones.
✈️ Airtificial fabrica 800 piezas para los Airbus C295 de transporte militar adquiridos por Tailandia.
🇬🇧 La libra cae mientras la inflación del Reino Unido se mantiene en el 2,8%.
🛢 Qatar traslada buques de GNL de vuelta a Oriente Medio antes de la reapertura de Ormuz.
🏥 CEOE reclama que Seguridad Social asuma el coste de los primeros 15 días de baja laboral que ahora pagan las empresas.
👷 Las ETTs se encaminan a un verano de récord cuatro años después de la reforma laboral.
⚡️ Los empresarios valencianos denuncian que las inversiones se van a otros sitios por la saturación de la red eléctrica.
🚀 SpaceX llega a superar en capitalización a Amazon y Microsoft, y anuncia la compra de Cursor por 60.000 millones.
🔫 Indra ultima un acuerdo con la alemana Rheinmetall para un contrato de artillería por 2.686 millones.
🍕 El dueño de KFC y Taco Bell vende Pizza Hut por 2.300 millones.
🏭 Gestamp abre su octava planta en Brasil para aprovechar un mercado que crece a un ritmo anual del 6%.
🏦 Revolut sacude el mercado y oferta una cuenta al 3,5% para captar nuevos clientes.
💻 Microsoft lanza Copilot Cowork a nivel mundial y anticipa la llegada de Cowork 1.
🚁 Avincis, con sede española en Mutxamel, se refuerza a nivel global con 30 helicópteros para emergencias.
🏦 María del Pino vende acciones de Ferrovial por casi 500 millones de euros en el último año.
🏢 Lastminute anuncia 163 despidos en su centro de Madrid, un 34% de la plantilla.
⚡️ REE admite problemas en el sistema y pide 607 millones de inversiones en la red de transporte.
💶 Repsol pide financiación a Europa antes de decidir si invierte 900 millones en su macroproyecto hidráulico.
💻 Apple subirá los precios de sus productos ante la escasez de chips.
🇬🇧 Las ventas de Tesco decepcionan mientras el mal tiempo aleja a los compradores del Reino Unido.
🇮🇳 El CEO de Tata Starbucks planea añadir hasta 100 tiendas.
⚡️ Rio Tinto reanuda las exportaciones de cobre desde su enorme mina en Mongolia.
🍔 Un fondo de deuda ‘rescata’ a un tercio de los Hard Rock españoles.
☎️ Línea Directa rebajará un 40% el precio del seguro de hogar a clientes que lo tengan vinculado a una hipoteca.
💊 Novo Nordisk abrirá centros de investigación de fármacos contra la obesidad en Europa.
⚡️ EY prevé que la operativa de Red Eléctrica con el servicio antiapagón supere los 5.600 millones en 2026.
💻 Skyscanner ultima su entrada en la IA para rearmarse ante Google.
📉 Accenture sufre un desplome histórico en Bolsa tras decepcionar con sus previsiones.
👷🏽 Grupo Tragsa logra ingresos de 2.603 millones de euros en 2025, un 29% más que el año anterior.
✈️ IAG ve “muy difícil” comprar Easyjet, pero se encuentra fuerte ante la crisis del fuel y para dar dividendos.
🏪 Eroski gana un 35% más y la marca blanca concentra ya el 37,6% de sus ventas de alimentación.
🏦 El Santander calcula que generará 200 millones de euros con la inteligencia artificial en este año.
💰 Dominion abonará un dividendo de 0,05 euros el próximo 9 de julio.
🇰🇷 El jefe del mercado coreano lamenta haber permitido ETFs apalancados de acciones individuales.
✈️ EasyJet rechaza las ofertas de compra de Castlelake.
💰 CIE Automotive repartirá un dividendo complementario de 0,47 euros el 7 de julio.
🎒 Cuando ser friki puede salvarte la vida
Durante años se ha utilizado la palabra friki casi como un insulto cariñoso.
Y muchos siguen subestimando el poder friki.
ERROR ÉPICO.
El friki de las cartas.
El friki de las monedas.
El friki de los cómics.
El friki del Bitcoin.
El friki que guarda oro, plata, sobres sellados de Pokémon, cartas de Magic, figuras, videojuegos antiguos o cualquier otra cosa que al resto le parece una pérdida de tiempo.
Hasta que un día el mundo se rompe.
Y entonces resulta que aquel “friki” no estaba simplemente acumulando cartoncitos de colores, monedas raras o claves privadas en una wallet fría.
Quizá, sin saberlo del todo, estaba construyendo un pequeño bote salvavidas.
Pensemos por un momento en una persona normal en Ucrania antes de la guerra.
No hace falta imaginar a un millonario excéntrico.
Imaginemos a alguien que había hecho unos buenos deberes.
Tenía su vivienda, quizá un piso alquilado, algo de dinero en el banco, fondos de inversión, unas cuantas acciones, algo de Bitcoin, algunas monedas de oro o plata y, porque era aficionado desde joven, una colección de cartas de Magic, Pokémon u otros TCG.
Una vida bastante bien montada.
Hasta que de repente deja de importar lo bien que tenías ordenado y apuntado todo en el Excel.
Porque cuando consideras que tienes que salir corriendo de tu país, lo primero que descubres es que el patrimonio no vale lo mismo según en qué formato esté.
Una casa puede ser tu mayor activo, pero no cabe en una mochila.
Un local puede darte rentas, pero no cruza una frontera contigo.
Una cuenta bancaria puede parecer segura, hasta que llegan los bloqueos, los límites, los controles de capital, la caída de la moneda o directamente la imposibilidad de acceder a tu dinero desde el lugar en el que estás.
No estoy diciendo que todo eso no tenga valor.
Claro que lo tiene.
Una vivienda, un negocio, una cartera de fondos o unas acciones pueden representar años de trabajo y sacrificio.
El problema es que, en determinados momentos de la historia, el valor no solo depende de cuánto cuesta algo, sino de si puedes disponer de ello cuando más lo necesitas.
Y ahí es donde algunos hobbies empiezan a parecer menos absurdos.
Una moneda de oro puede parecer una rareza de abuelo.
Una onza de plata puede parecer un capricho de paranoico.
Una carta cara de Magic puede parecer un trozo de cartón con un arte especial.
Un sobre sellado de Pokémon puede parecer un juguete para niños grandes.
Bitcoin puede parecer una línea de código para “flipados techies”.
Pero todos tienen algo en común: son relativamente portátiles, líquidos dentro de su mercado y difíciles de destruir si están bien custodiados.
No se trata de convertir la vida en una película de espías ni de ir por ahí dando lecciones de supervivencia.
Se trata de entender que no todos los activos sirven para lo mismo.
Hay activos para vivir tranquilo.
Hay activos para generar rentas.
Hay activos para invertir a largo plazo.
Y luego están los activos que, en un momento extremo, pueden acompañarte.
No es lo mismo tener un fondo indexado que una colección de cartas valiosas en una carpeta.
El fondo probablemente sea más eficiente, más diversificado y más sensato para el inversor promedio.
Pero si mañana tienes que abandonar tu casa con una mochila y dos cambios de ropa, la teoría moderna de carteras empieza a sonar un poco lejana.
Tampoco es lo mismo tener un piso en alquiler que unas monedas de oro bien guardadas.
El piso puede darte rentabilidad durante años, pero si tu ciudad se convierte en zona de guerra, su utilidad inmediata cae en picado.
En cambio, una pequeña cantidad de oro físico puede ser intercambiable, reconocible y aceptada en muchos lugares del mundo.
Y luego están las cartas.
Aquí es donde muchos levantarán la ceja.
¿De verdad unas cartas de Magic o Pokémon pueden formar parte de una estrategia patrimonial?
Pues depende.
La mayoría, no.
La inmensa mayoría de cartas no valen ni unos pocos céntimos.
Como ocurre con los sellos, los cómics, los relojes o los coches clásicos, el valor está en piezas concretas, estados de conservación concretos y mercados concretos.
Pero negar que existe un mercado real alrededor de ciertos coleccionables sería cerrar los ojos.
Hay cartas que valen cientos, miles o decenas de miles de euros.
Hay sobres sellados que se han revalorizado muchísimo.
Hay comunidades internacionales dispuestas a comprar, vender y verificar ese valor.
Y lo más curioso es que quien empezó ahí muchas veces no lo hizo pensando en sobrevivir a una guerra, a un corralito o a una crisis brutal.
Lo hizo porque le gustaba.
Porque disfrutaba.
Porque tenía un hobby.
Ahí está la belleza del asunto.
Un hobby bien llevado puede ser mucho más que entretenimiento.
Puede darte comunidad, conocimiento, paciencia, criterio y, en algunos casos, patrimonio.
El problema es que vivimos en una sociedad que desprecia todo lo que no entiende.
Si coleccionas oro, eres un conspiranoico.
Si compras Bitcoin, eres un flipado.
Si juegas con cartas, eres un niño grande.
Si estudias mercados de segunda mano, eres un especulador.
Pero luego vienen mal dadas y resulta que el “normal” lo tenía todo atrapado en estructuras que no podía mover, mientras que el “friki” llevaba parte de su patrimonio en una cartera, en una cápsula, en una frase semilla memorizada o en una caja perfectamente organizada.
Por supuesto, esto no significa que haya que meter todos los ahorros en cartas, oro o Bitcoin.
Eso sería una barbaridad.
La especulación existe, las modas pasan y los mercados de coleccionismo pueden desplomarse.
Hay falsificaciones, falta de liquidez, spreads enormes, comisiones, problemas de custodia y mucho humo.
Pero también hay una lección importante: la diversificación no consiste solo en repartir entre renta variable, renta fija e inmobiliario.
También consiste en pensar en escenarios.
En preguntarte qué parte de tu patrimonio depende del sistema bancario, qué parte depende de un gobierno, qué parte depende de una plataforma, qué parte depende de una escritura pública y qué parte podrías llevarte contigo si la vida te obligara a empezar de cero.
Porque esa pregunta incomoda.
Mucho.
Nos gusta pensar que todo seguirá funcionando.
Que el banco abrirá mañana.
Que el mercado cotizará con normalidad.
Que el inquilino pagará.
Que la moneda conservará su valor.
Que nuestra ciudad seguirá siendo nuestra ciudad.
Que nunca tendremos que meter lo importante en una mochila.
Pero la historia tiene la mala costumbre de reírse de nuestras previsiones.
Por eso, quizá, conviene mirar con otros ojos a esos hobbies que parecen absurdos.
No para romantizar la especulación ni para vender humo, sino para reconocer que el conocimiento especializado también es una forma de capital.
Saber distinguir una carta común de una valiosa, una moneda auténtica de una falsa, una wallet segura de una chapuza o una burbuja pasajera de un mercado con profundidad puede marcar diferencias.
Al final, ser friki no es el problema.
El problema es no entender nada de aquello en lo que tienes tu vida metida.
Hay quien tiene pisos y no entiende de inmuebles.
Hay quien tiene fondos y no entiende lo que compra.
Hay quien tiene dinero en el banco y no entiende ni lo que es el Fondo de Garantía de Depósitos.
Y luego está el friki que se sabe de memoria las ediciones de Magic, las tiradas de ciertas monedas, sus claves de Bitcoin o el mercado de los coleccionables.
Quizá no estaba perdiendo el tiempo.
Quizá estaba entrenando.
Y quizá, llegado el día en que el mundo deje de comportarse como esperábamos, ese hobby que parecía una tontería sea precisamente lo que le permita comprar tiempo, cruzar una etapa difícil o empezar de nuevo en otro lugar.
Porque a veces no te salva lo más grande que tienes.
Podría salvarte únicamente lo que cabe en una mochila.
Piénsalo.
Suerte.
Y esto ha sido todo por hoy.
¡Hasta la semana que viene! 👋🏼
Salva
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