Buenas,
Semana de vuelta al cole con “chicha”...
¿Por qué?
Porque hemos tenido inflación subiendo, paro subiendo, afiliación bajando, más control sobre las criptomonedas y, para rematar, titulares anunciándonos nada menos que un “corralito” europeo.
Sólo ha faltado que Christine Lagarde apareciera en televisión recomendándonos almacenar latas de atún.
La semana comenzó con un dato que probablemente no hará demasiada gracia a quienes llevaban meses dando por enterrada a la inflación.
En agosto, la inflación de la eurozona volvió a acelerarse hasta el 3,3%, frente al 2,9% de julio.
Cuatro décimas en un solo mes.
Esa inflación no facilita demasiado la vida al Banco Central Europeo.
Porque bajar los tipos rápidamente cuando los precios vuelven a acelerar es algo parecido a intentar apagar una barbacoa echándole un poquito de gasolina pero con muchísimo cuidado.
Puede funcionar.
Pero conviene tener preparado el extintor.
Y mientras Europa intenta decidir si tiene inflación, crecimiento, estanflación o simplemente una mala semana, España publicó al día siguiente sus datos de empleo de agosto.
El paro registrado aumentó en 44.419 personas y terminó el mes en 2.355.918 desempleados.
Al mismo tiempo, la Seguridad Social perdió 162.840 afiliados respecto a julio.
Aquí, como siempre, hay estadísticas para todos los gustos.
Si eres optimista, puedes decir que seguimos teniendo el menor número de parados registrado en un mes de agosto desde 2007 y que, comparado con hace un año, el desempleo ha bajado en más de 70.000 personas.
También puedes señalar que España tiene unos 679.000 afiliados más que hace doce meses.
Todo eso es cierto.
Si eres algo menos optimista, puedes señalar que durante agosto desaparecieron más de 160.000 afiliados y que el desempleo subió prácticamente en todas las comunidades autónomas.
También es cierto.
Bienvenidos a la maravillosa ciencia de la estadística económica, donde dos personas pueden utilizar exactamente los mismos números para demostrar que España va como un cohete o que estamos a cinco minutos de alimentarnos mediante cartillas de racionamiento.
Mientras tanto, el Gobierno prepara también una nueva ley de prevención del blanqueo que ampliará el actual Fichero de Titularidades Financieras para incorporar cuentas vinculadas a criptoactivos.
Las plataformas tendrán que comunicar datos como la apertura y cierre de esas cuentas y la identidad de sus titulares, y esa información podrá ser consultada por jueces, fiscales, Policía, Guardia Civil, Agencia Tributaria, CNI y otras autoridades competentes.
Si no haces bien los deberes, vamos a llegar a un punto en el que Hacienda probablemente terminará sabiendo que tienes una cuenta de criptomonedas antes que tu pareja.
Ahora, en lugar de liarnos con el mundo “cripto” vamos al que probablemente sea mi titular favorito de la semana:
“Bruselas aplicará un corralito a los ciudadanos para evitar la fuga de dinero a bancos extranjeros”.
Uno lee “corralito” y automáticamente visualiza Argentina en 2001: bancos cerrados, ciudadanos intentando recuperar sus ahorros y gobiernos explicándote que tu dinero sigue siendo tuyo aunque, por alguna curiosa razón, no puedas tocarlo.
Naturalmente, me fui a mirar qué demonios había aprobado Europa.
Y aquí conviene separar el titular de la realidad.
La Unión Europea ha aprobado dentro de la normativa bancaria CRD VI un nuevo régimen para las entidades bancarias de terceros países.
A partir de enero de 2027, un banco establecido fuera de la Unión Europea que quiera prestar determinados servicios bancarios básicos de forma activa a clientes residentes en un Estado miembro deberá, en términos generales, contar con una sucursal autorizada dentro de ese país o con una estructura europea adecuada.
Eso es verdad.
Lo que ya resulta bastante más discutible es llamarlo “corralito”.
La propia Directiva contempla expresamente la llamada reverse solicitation: si eres tú quien, por iniciativa exclusivamente propia, acude a un banco de fuera de la UE a contratar determinados servicios, existen excepciones al requisito de establecimiento europeo.
También quedan fuera determinadas operaciones entre entidades financieras y otros servicios concretos.
Y, sobre todo, la norma no dice que Europa vaya a congelarte una cuenta en Suiza, Estados Unidos o Singapur ni que el 11 de enero de 2027 aparezca Ursula von der Leyen detrás de ti mientras intentas hacer una transferencia internacional.
Eso sí sería un corralito.
Aquí estamos hablando principalmente de regular cómo pueden los bancos extranjeros captar y prestar determinados servicios bancarios a residentes europeos.
¿Es una regulación más restrictiva?
Sí.
¿Reduce en cierta medida la facilidad con la que una entidad extranjera puede ofrecer directamente determinados servicios dentro de la UE?
También.
¿Puede acabar teniendo consecuencias prácticas para algunos europeos que utilizan bancos extracomunitarios?
Perfectamente.
¿Es lo mismo que prohibirnos sacar nuestro dinero de Europa?
No.
Creo que esta diferencia es importante porque vivimos en una época fantástica para los titulares apocalípticos.
Y esto sucede en una Europa endeudada hasta las cejas, envejecida y con unas necesidades futuras de financiación bastante poco románticas.
Cuando un Estado necesita mucho dinero durante mucho tiempo no tiene por qué venir a quitarte los ahorros a punta de pistola; puede hacerlo de forma mucho más civilizada: impuestos, tipos reales bajos, regulación, incentivos y pequeñas trabas que hagan que unas inversiones sean cómodas y otras cada vez menos.
Todo legal, todo técnico y todo explicado en un documento de 486 páginas que no leerá ni quien lo ha firmado.
Por eso invierto como invierto…
No porque piense que mañana vayamos a despertarnos en Venezuela ni porque crea que Christine Lagarde quiera quedarse con la hucha de mis hijos.
Sino porque diversificar no consiste únicamente en tener quince fondos distintos que al final poseen las mismas siete empresas americanas.
También consiste en diversificar riesgos monetarios, políticos y regulatorios.
Y quizá ésa sea la verdadera moraleja de esta semana.
Sigamos.
🛋️ Desde mi sofá: mercados y realidad
Siguen encajando las piezas… y no precisamente para bien.
La inflación sigue a tope, el petróleo coqueteando peligrosamente con los 100 dólares por la guerra con Irán y los gobiernos tienen que pagar cada vez más para colocar su deuda.
El problema es que las tres cosas están relacionadas: una energía más cara alimenta la inflación, una inflación más alta dificulta bajar los tipos y unos tipos elevados hacen todavía más costoso financiar unas deudas públicas que ya son enormes.
No hace falta ser economista para entender que este círculo no puede mantenerse indefinidamente sin que algo termine cediendo.
Lo curioso es que, mientras todo esto ocurre, las bolsas siguen aguantando bastante bien. 🤔
Quizá tengan razón y dentro de unos meses las cosas se tranquilicen, el petróleo vuelva a bajar y la inflación deje de preocupar.
Puede ser.
Pero yo prefiero seguir siendo prudente.
Y, sinceramente, cuanto más observo este escenario de deuda creciente, inflación difícil de controlar y tensiones geopolíticas, más cómodo me siento manteniendo una parte importante de mi patrimonio en activos reales como el oro, las mineras o la energía.
No porque crea que vayan a subir como un cohete, sino porque cada semana encuentro algún argumento más para pensar que tener todo nuestro patrimonio dependiendo de que gobiernos y bancos centrales consigan cuadrar este complicado puzle quizá no sea la mejor idea del mundo.
⚡️ Flashes de la semana
🥇 El banco central de Países Bajos retira lingotes de oro de Nueva York por la ‘inestabilidad geopolítica’.
🏦 El Bundesbank reprocha a EEUU que vendiera euros para apoyar al yen sin avisar antes al BCE.
🏦 Scalable Capital lanza un depósito al 2,75% TAE y eleva la remuneración de su cuenta al 2,63%.
🇪🇸 Miles de personas salen a la calle en toda España en apoyo a Ceuta y contra la gestión del Gobierno.
🇪🇺 La presión de la deuda se traslada de EEUU a Europa: los bonos de Alemania y Francia tocan máximos de 2011.
💸 La Seguridad Social subirá las cotizaciones en 2027, aunque afectará especialmente a los trabajadores con sueldos más altos.
🚙 Volkswagen quiere cerrar Seat en 2029 para centrarse en Cupra, según la prensa alemana.
🏢 Grupo Istobal, participado en un 22% por Hortensia Herrero, eleva un 10% el dividendo hasta 4,3 millones.
🏦 El BBVA admite un menoscabo de 767 millones en sus cuentas por la venta del 3% de Telefónica.
🏢 Goiko elevó sus pérdidas por encima de los 36 millones tras pasar a manos de sus acreedores.
🏠 Blackstone sacará a Bolsa en octubre la hotelera HIP con una cartera de inmuebles de 6.000 millones.
🏛️ Mañueco anuncia 36 nuevas rebajas fiscales que elevarán el ahorro para los contribuyentes hasta los 920 millones de euros.
🇪🇸 El Gobierno concede 36,6 millones de euros en ayudas directas a empresas y trabajadores de Ceuta.
🇻🇪 La empresa de Alejandro Betancourt obtiene una concesión de 100 años sobre el crudo venezolano.
✈️ El turismo extranjero renueva máximos históricos: sube un 4,6% hasta julio y el gasto aumenta un 7,8%.
🏢 Nestlé acuerda la venta de su negocio de vitaminas a un fondo por 850 millones de euros.
📉 Edreams gana un 80% menos y se desploma un 16% en bolsa.
📡 La británica Vodafone Group prepara un ERE para el 20% de su filial española.
🚗 El mercado del automóvil no se frena en agosto y el sector apunta a cerrar el año con más de 1,2 millones de ventas.
⚡️ ACS compra la alemana Autmatec, con 50 millones de facturación, para reforzar su negocio de redes eléctricas.
⚖️ OHLA deberá afrontar un pago de 26,4 millones tras una sentencia firme en Catar.
🇸🇻 El Salvador de Bukele bate todas las expectativas de crecimiento y fuerza al banco central a casi duplicar su previsión para la economía en 2026.
🇷🇺 Rusia admite un impacto económico del 1% del PIB por los ataques de drones ucranianos y el propio Putin habla de “daños bastante considerables”.
🛢 Chevron invertirá 7.000 millones de dólares en Venezuela para duplicar su producción de crudo.
📈 El Gobierno confirma una nueva subida del salario mínimo en 2027 para compensar el alza del IPC.
🥊 Ibai Llanos facturó casi 12 millones en 2025 con la promotora de ‘la velada del año’.
🚙 La balanza comercial del automóvil español se desploma un 84% por la caída de la producción y las compras a China.
🏦 En España los contribuyentes con un patrimonio de más de 30 millones de euros se han duplicado en nueve años hasta superar el millar por primera vez.
🇦🇷 Milei sube el salario mínimo en Argentina a 219 euros al mes, por debajo del umbral de la pobreza y menos de lo que pedían los empresarios.
💼 El Gobierno aplaza a 2027 la reforma que prohíbe que los pluses se incluyan en el SMI.
🇩🇪 La industria alemana pide volver a la jornada de 40 horas.
🏢 El fondo soberano de Singapur reactiva su negocio de vivienda en alquiler en España.
🚗 Seat aún vende más de 60.000 turismos en España, con el Ibiza y el Arona en el top 10.
💻 Nvidia se hace con Hugging Face por 11.200 millones en una de las mayores compras de su historia.
🏭 Airbus cierra la negociación que mantenía con los sindicatos ante el SIMA.
🏛️ Las agencias impugnan el macroconcurso de viajes de los ministerios, dotado con 605 millones.
🏦 Revolut obtiene una licencia bancaria provisional en EEUU.
🏠 El grupo de Grespania gana 14,5 millones y roza 280 millones en ventas tras diversificar con suelos de vinilo.
🇩🇪 Duro golpe para Merz: la ultraderecha arrasa en Sajonia-Anhalt y podría formar gobierno.
🧳 El Senado pulveriza su récord de gasto en viajes: 10,9 millones en solo tres años de legislatura.
🇪🇺 Von der Leyen viaja a Groenlandia para mostrar el apoyo de la UE tras las amenazas de Trump.
🇷🇺 Rusia asegura que EEUU ha presentado varias ideas para poner fin a la guerra en Ucrania.
🏦 El gasto en parados se dispara un 22% en cuatro años: más de 2.000 millones al mes.
💸 La cara B de la inflación
Cuando hablamos de inflación normalmente pensamos en lo evidente.
En que llenar el depósito cuesta más.
En que el carrito del supermercado cada vez pesa menos y cuesta más.
En que salir a cenar con la familia empieza a parecer una pequeña operación financiera.
Esa es la inflación que todos vemos.
Pero existe otra.
Una bastante más interesante.
La cara B.
Pero lo que me interesa hoy no es volver a hablar de que los precios están subiendo.
Eso ya lo notas cada vez que sacas la tarjeta.
Lo realmente interesante es lo que ocurre después.
Porque en una economía como la española buena parte del gasto público termina estando, directa o indirectamente, ligado a la inflación.
Y aquí empieza la fiesta.
Vamos con el ejemplo más evidente:
Las pensiones.
Desde la reforma de 2021, las pensiones contributivas se revalorizan utilizando la inflación media como referencia.
En 2026, por ejemplo, subieron un 2,7%.
La lógica es perfectamente comprensible.
Si los precios suben un 3% y dejamos congelada la pensión de alguien, ese pensionista está perdiendo poder adquisitivo.
Hasta ahí ningún misterio.
El pequeño detalle es que en España existen más de diez millones de pensiones contributivas.
Y cuando multiplicas una subida de unos cuantos puntos porcentuales por diez millones de nóminas, aparece una cifra bastante interesante.
Miles de millones de euros.
Cada año.
Y para siempre.
Porque una subida de las pensiones no suele ser una paga extraordinaria de un año.
Se consolida.
La pensión del año siguiente parte de esa nueva base.
Y después vuelve a subir.
Y al año siguiente vuelve a hacerlo.
La inflación, por tanto, no solamente aumenta los precios.
También aumenta estructuralmente una de las mayores partidas de gasto del Estado.
Pero no termina ahí.
Tenemos también a los empleados públicos.
Para 2026 existe una cláusula que permite añadir otro 0,5% a sus salarios si la inflación supera determinados niveles.
Todo apunta a que ocurrirá.
Y ese incremento, además, tendría efectos retroactivos.
Luego tenemos el salario mínimo.
No está automáticamente indexado al IPC, pero el propio Gobierno ya ha dejado caer que la inflación será uno de los elementos que tendrá en cuenta para decidir la subida de 2027.
Y aquí es donde empiezan a encajar las piezas.
Inflación.
Subida de pensiones.
Subida de salarios públicos.
Presión para subir el salario mínimo.
Mayores costes salariales.
Más gasto público.
Y entonces llega la pregunta incómoda.
¿Quién paga todo esto?
Un Estado tiene básicamente tres maneras de financiar un aumento permanente del gasto:
Puede recaudar más.
Puede gastar menos en otras cosas.
Puede emitir más deuda.
O puede hacer una combinación de las tres.
Lo de gastar menos suele tener poco éxito electoral, así que puedes imaginar por dónde suelen ir los tiros.
Más impuestos.
Más deuda.
Y aquí aparece una paradoja bastante bonita.
La inflación aumenta el gasto del Estado...
pero también aumenta sus ingresos.
Por ejemplo, mediante el IVA.
Si un producto que antes costaba 100 euros ahora cuesta 120, el Estado recauda más IVA aunque no haya cambiado el tipo impositivo.
Fantástico invento.
También ocurre algo parecido con el IRPF.
Supongamos que cobras 40.000 euros y, después de varios años de inflación, tu empresa te sube el sueldo hasta 45.000.
En términos nominales ganas más.
En términos reales quizá simplemente estás intentando mantener tu nivel de vida.
Pero si los tramos del IRPF no se actualizan completamente con la inflación, parte de ese incremento salarial puede acabar tributando a tipos más altos.
Es lo que se conoce como progresividad en frío.
Nombre muy elegante para algo bastante sencillo:
Hacienda puede recaudar más aunque tú no seas realmente más rico.
De hecho, puede ocurrir exactamente lo contrario.
Puedes ganar más euros y ser más pobre.
Y aquí empieza el círculo curioso…
Imagina ahora el mecanismo completo.
Los precios suben.
El Estado protege el poder adquisitivo de determinados colectivos aumentando pensiones y salarios.
Eso eleva el gasto público.
Para financiar ese gasto necesita recaudar más o endeudarse.
Mientras tanto, la propia inflación incrementa parte de la recaudación fiscal.
Pero si aun así el gasto crece más rápido que los ingresos, aparece más déficit.
Y el déficit se financia con deuda.
Más deuda significa más intereses.
Más intereses significan más gasto futuro.
Y más gasto futuro vuelve a exigir más impuestos, más deuda o ambas cosas.
Es decir:
la inflación puede terminar alimentando indirectamente la estructura de gasto que después hace más difícil volver a una economía con precios completamente estables.
No estoy diciendo que el Gobierno imprima billetes directamente para pagar las pensiones tal y como propondría, sin despeinarse, uno de los hermanos Garzón…
El sistema monetario moderno es bastante más complejo que eso.
Pero sí existe algo que cualquier inversor debería entender.
Los Estados muy endeudados tienen una relación complicada con la inflación.
Porque una inflación moderada tiene un efecto bastante agradable para el deudor.
Reduce el valor real de la deuda.
Pero ahora imagina que un Estado debe 100.
Y supongamos que durante diez años existe una inflación media del 4%.
Al cabo de esos diez años los 100 euros siguen siendo 100 euros nominalmente.
Pero esos 100 euros compran muchísimo menos.
En términos de poder adquisitivo actual serían aproximadamente 68 euros.
Ese es uno de los motivos por los que siempre conviene mirar la deuda pública en términos reales y no solamente nominales.
La inflación es desagradable para el ahorrador.
Pero puede ser bastante cómoda para el deudor.
Y resulta que los mayores deudores del planeta son precisamente los Estados.
Aquí empiezas a entender por qué históricamente los gobiernos pueden convivir bastante mejor con una inflación del 3% o del 4% que los ciudadanos que tienen todo su patrimonio en una cuenta bancaria.
Para alguien con deuda a largo plazo, la inflación erosiona la deuda.
Para alguien con efectivo, erosiona los ahorros.
Mismo fenómeno.
Ganadores diferentes.
Y cuando hablamos de inflación mucha gente imagina los ejemplos extremos….
Argentina.
Venezuela.
La República de Weimar.
Carretillas llenas de billetes.
Pero no hace falta absolutamente nada parecido para destruir poder adquisitivo.
Una inflación del 4% parece pequeña.
Hasta que la mantienes durante veinte años.
Con un 4% de inflación media anual, algo que hoy cuesta 100 euros costaría aproximadamente 219 dentro de veinte años.
Eso significa que el poder adquisitivo de 100 euros se habría reducido a menos de la mitad.
Sin ninguna crisis espectacular.
Sin ningún supermercado cambiando precios cada tres horas.
Sin ninguna portada dramática en los periódicos.
Simplemente poco a poco.
Como una gotera.
Y quizá esa sea precisamente la característica más peligrosa de la inflación.
Que cuando es moderada resulta sorprendentemente fácil acostumbrarse a ella.
Para ir resumiendo y que no te duermas…
Todo esto explica bastante bien una de mis obsesiones cuando hablamos de inversión.
No me interesa demasiado saber cuántos euros tendré dentro de veinte años.
Me interesa saber qué podré comprar con ellos.
Son dos cosas completamente diferentes.
Puedes tener hoy 500.000 euros.
Invertirlos.
Conseguir una rentabilidad.
Llegar dentro de veinte años a un millón.
Y sentirte fantásticamente bien.
Pero si durante esos veinte años el nivel general de precios se ha duplicado, quizá simplemente has conseguido mantener tu poder adquisitivo.
Por eso siempre me sorprende cuando alguien considera “seguro” tener enormes cantidades de dinero parado en efectivo.
Seguro ¿respecto a qué?
Seguro de que mañana seguirá poniendo 100.000 euros en la pantalla del banco.
Eso probablemente sí.
Seguro de que esos 100.000 euros comprarán dentro de veinte años lo mismo que hoy...
eso ya es otra historia.
Y por eso también tengo bastante simpatía por determinados activos reales.
No porque ninguno de ellos sea una vacuna perfecta contra la inflación.
No lo son.
Sino porque existe una diferencia conceptual enorme entre poseer únicamente unidades monetarias y poseer también activos reales o escasos que no dependen directamente de la capacidad de un Estado para crear más moneda.
En definitiva, la inflación no necesita anunciarse.
Nadie te manda una carta diciendo:
“Estimado Salvador:
Este año hemos decidido reducir un 4% el poder adquisitivo de sus ahorros.
Gracias por su colaboración.”
Simplemente ocurre.
El café pasa de 1,20 a 1,40.
Después a 1,60.
El menú pasa de 12 a 14.
Luego a 15.
Tu seguro sube.
La comunidad sube.
El supermercado sube.
Tu sueldo también sube algo.
Los impuestos recaudan más.
Las pensiones suben.
Los salarios públicos suben.
El gasto del Estado sube.
La deuda continúa creciendo.
Y poco a poco todo el sistema empieza a necesitar más euros para hacer exactamente lo mismo que hacía antes.
Esa es, para mí, la verdadera cara B de la inflación.
No que las cosas cuesten más.
Eso es solamente la parte visible.
La verdadera cuestión es que una vez que la inflación entra en el sistema económico empieza a modificar salarios, impuestos, pensiones, gasto público, deuda y expectativas.
Y entonces sacarla de ahí ya no es tan sencillo.
Por eso, como inversor, intento no pensar demasiado en euros.
Intento pensar en poder adquisitivo.
Porque dentro de veinte años no quiero tener más números en una cuenta.
Quiero tener las espaldas cubiertas y poder pagar lo que necesitemos.
Y aunque pueda parecer lo mismo...
no tiene absolutamente nada que ver.
Esto ha sido todo por hoy.
¡Hasta la semana que viene! 👋🏼
Salva
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