Buenas,
Esta semana voy a ser más escueto de lo habitual.
Ya estamos otra vez en campaña electoral.
Qué alegría.
Qué ilusión.
Qué ganas tenía de volver a escuchar a nuestros queridos políticos explicándonos cómo van a solucionar todos los problemas que, curiosamente, llevan años sin solucionar.
Reconozco que pocas cosas me producen tanto aburrimiento como un mitin político.
Esos discursos interminables, los aplausos perfectamente sincronizados, las caras de entusiasmo de quienes están detrás del candidato y las promesas que, si se cumplieran todas, convertirían España en una mezcla de Suiza, Noruega y Disneylandia.
Y si no tenemos bastante con aguantarles diciendo chorradas y mentiras por los cuatro costados, tenemos ahora a los maravillosos “comegambas”, quiero decir, sindicatos, convocando una huelga general.
¿Contra quién?
Pues, según María Jesús Montero, contra la oposición.
Sí, sí.
Una huelga general contra quienes no gobiernan.
Esto es maravilloso.
Pero bueno, mientras todo esto ocurre, y según informaciones publicadas durante estos últimos días, grandes gestoras internacionales han paralizado firmas de contratos e incluso visitas a viviendas de alquiler ante la incertidumbre provocada por los nuevos decretos y las medidas que se anuncian.
Sí, parece ser que hay propietarios que directamente han pedido que ni se enseñen sus inmuebles.
Fantástico.
Tenemos un problema de oferta de vivienda y conseguimos que parte de la oferta disponible se esconda debajo de la cama.
Y para terminar…
Resulta que en España más de 10 millones de contribuyentes declararon ingresos inferiores a 20.000 euros brutos anuales en 2024.
Sí, has leído bien.
Y luego nos preguntamos por qué los jóvenes no pueden independizarse, formar una familia o comprarse una vivienda.
Con esos ingresos, bastante hacen con llegar a final de mes sin tener que financiar la compra del supermercado a doce plazos.
Pero tranquilos, que no todo son malas noticias.
Hacienda está de enhorabuena.
Resulta que la recaudación del IRPF procedente de las rentas del ahorro y la inversión ha aumentado nada menos que un 30%.
Vamos, que mientras unos hacen malabares para llegar a final de mes y otros intentamos que nuestros ahorros no pierdan valor con la inflación, Hacienda sigue haciendo caja.
Mucha caja.
Y todo mientras los servicios públicos cada vez se acercan más a Burundi que a Noruega.
Porque aquí podrán fallar los salarios, la vivienda, las promesas electorales y hasta los trenes.
Pero a la hora de recaudar, la maquinaria funciona que da gusto.
En fin, no nos pongamos nerviosos, que siempre nos quedarán los mítines.
Sigamos.
🛋️ Desde mi sofá: mercados y realidad
Nada nuevo bajo el sol.
Los intereses de la deuda estadounidense siguen escalando hasta niveles que no veíamos desde hace décadas, mientras en Europa empiezan a saltar las alarmas por la situación de Francia y sus bancos.
Y, por si fuera poco, el petróleo vuelve a encarecerse por las tensiones en Oriente Medio, justo cuando Europa se prepara para afrontar el invierno con unas reservas de gas bastante ajustadas.
Vamos, más de lo mismo de estas últimas semanas...
Gobiernos cada vez más endeudados, una deuda que cuesta cada vez más dinero financiar y una energía que amenaza con volver a disparar la inflación.
Veremos si empieza a cambiar algo en alguno de estos frentes, porque de momento seguimos dando vueltas sobre los mismos problemas.
Por mi parte, la cartera de inversión sigue exactamente igual.
Sin cambios.
⚡️ Flashes de la semana
🤔 El FMI mejora el PIB de España al 2,5% este año, pero alerta de la abultada inflación.
😱 El BCE vislumbra nuevas inyecciones de liquidez a la banca para 2027.
🏦 El gobernador del Banco de Francia alerta del peligro de que el país sea “asfixiado por los tipos de interés”.
🧾 Teruel congela las tasas e impuestos municipales para 2027.
📈 El Sabadell arma un escudo contra opas con la venta de un 7% al banco francés BPCE.
💻 Indra bate a Telefónica en los contratos de ciberseguridad y tecnología de Aena por más de 120 millones.
🛢 Repsol recibe la mayor entrega de petróleo de Venezuela en casi 25 años.
🏦 Morgan Stanley recomienda comprar banca europea tras las caídas: Santander, entre sus apuestas.
💹 El castigo a Francia añade presión al BCE en pleno repunte inflacionista.
🇮🇳 India sube los tipos por primera vez desde 2023 ante las presiones inflacionistas.
🇺🇸 Trump anuncia un plan dotado con 6.600 millones de dólares para expandir la fabricación de submarinos.
💻 Mistral lanza una IA que supera “significativamente a cualquier modelo de EEUU o Europa”.
🛢 Repsol multiplica por más de cuatro el margen de refino en el tercer trimestre.
🏨 El sector turístico pide al futuro Gobierno que se suba el IVA al alquiler vacacional y congele las tasas de Aena.
🏗️ Nuevo golpe de Ferrovial en el mercado de las autopistas: gana la checa D35 por 2.900 millones ante FCC y Vinci.
🍽️ Luis Comas dimite tras seis años al frente de la empresa propietaria de La Tagliatella.
💻 Nokia releva a su director general en España en plena reorganización global.
🏦 La auditoría creó casi 3.000 nuevos empleos en España en 2025.
⚖️ Starbucks es demandada por anunciar bebidas proteicas como ‘sin azúcar’.
🇰🇷 Corea del Sur, en alerta por una oleada de ciberataques contra su sector financiero.
✊🏻 Un seguimiento del 50% de la huelga costaría un 0,19% de PIB, el equivalente a 3.380 millones.
🏠 Los trabajadores que se sumen a la huelga por la vivienda reducirán su sueldo en 90 euros de media.
🇸🇻 El Banco Mundial admite que la drástica reducción del crimen en El Salvador de Bukele dispara el crecimiento económico y la inversión en el país.
💼 Yolanda Díaz pisa el acelerador para anunciar la subida del salario mínimo de 2027 antes de las elecciones.
🇨🇳 La china Anta Sports completa la compra de 29% de Puma por 1.500 millones.
🏢 La rica familia alemana Otto pone a la venta el mayor centro comercial de Asturias por 350 millones.
🚄 Renfe acelera para cerrar la compra de 30 trenes de alta velocidad antes de las elecciones.
🏭 Inveready y Blaumar Capital compran la ‘megaferretería’ para profesionales Blinker.
🤖 Mutua Madrileña adquiere un 10% de Alter5, especializada en IA para los mercados de capitales.
📱Samsung dispara su beneficio operativo un 782% y supera por primera vez los 100 billones de wones.
🌍 Zelenski ofrece no atacar refinerías rusas si cesan los ataques a infraestructuras energéticas de Ucrania.
🚙 Volkswagen aplicará el modelo industrial español en toda Europa para competir con China.
📈 Berkeley se dispara casi un 62% en Bolsa en cuatro sesiones.
☕️ Starbucks descarta la compra de Chipotle Mexican Grill.
🚗 Europa limita a 350.000 las importaciones de híbridos chinos para reducir su cuota de mercado.
🏦 CaixaBank aumenta un 72% su negocio en Reino Unido hasta los 261 millones de euros.
👕 Uniqlo impulsa su expansión en España con su octava tienda, que estará en Madrid.
🏠 Spotahome levanta 1,2 millones con bonos convertibles para acelerar su plan de crecimiento.
🏗️ Las concesionarias confían en volver con capital privado a infraestructuras de Cataluña y Madrid.
🏦 El Santander posterga para 2027 parte de los ahorros de personal que proyecta en España.
✈️ Barceló ganará un 25% menos este año por el desplome de turistas desde Estados Unidos a México.
🏆 Hall y Woodford ganan el Nobel de Economía por la revolución de escuchar a hogares y empresas para guiar las políticas de estabilidad.
⚡️ Dos tercios de la subida de la tarifa regulada de la luz se deben a los sobrecostes de REE.
🏦 RBC calcula que el BBVA repartirá 41.400 millones a sus accionistas hasta 2028, un 15% más de lo previsto.
📉 SK Hynix y Samsung se hunden y llevan al Kospi a su nivel más bajo desde julio.
🚀 Efecto cohete y pluma
Hay conceptos económicos que necesitan veinte gráficos, tres profesores y una pizarra llena de fórmulas para entenderlos.
Y luego está el efecto cohete y pluma.
El nombre prácticamente lo explica todo.
Cuando determinados precios tienen motivos para subir, lo hacen como un cohete.
Rápido.
Muy rápido.
Pero cuando esos mismos motivos desaparecen y tocaría bajar precios, entonces la cosa cambia.
Ahí aparece la pluma.
Despacio.
Muy despacio.
Tan despacio que algunas veces parece que la pluma se ha quedado enganchada en un árbol.
El ejemplo perfecto lo tenemos en la gasolina.
Sube el petróleo un lunes y tengo la sensación de que el martes por la mañana la gasolinera de mi barrio ya ha recibido un telegrama urgente desde Arabia Saudí.
“Ha subido el barril. Cambiad los precios inmediatamente.”
Y allá vamos.
Dos céntimos más.
Otros tres.
Otros cuatro.
En pocos días llenar el depósito vuelve a costar una pequeña fortuna.
Ahora bien.
Cuando el petróleo baja un 10%, curiosamente el mecanismo deja de ser tan eficiente.
Entonces aparecen los inventarios.
Los contratos anteriores.
Los costes de distribución.
Los márgenes.
Las coberturas.
El transporte.
Y probablemente la alineación de Júpiter con Saturno.
De repente bajar el precio resulta muchísimo más complicado que subirlo.
Cohete para subir.
Pluma para bajar.
Pero lo interesante es que esto no ocurre solamente con los combustibles.
Pasa continuamente con muchísimas cosas que compramos.
Pensemos en los alimentos.
Durante los últimos años hemos escuchado todo tipo de explicaciones perfectamente razonables para justificar las subidas de precios.
Que si la energía.
Que si los fertilizantes.
Que si el transporte.
Que si las materias primas.
Que si la sequía.
Que si la guerra.
Que si producir aceite cuesta más.
Que si alimentar a los animales cuesta más.
Y probablemente buena parte de esas explicaciones fueran ciertas.
El problema viene después.
Porque algunos de esos costes pueden bajar.
El gas puede caer.
La electricidad puede abaratarse.
Los cereales pueden retroceder.
El transporte puede normalizarse.
Pero tú vuelves al supermercado y el paquete que antes costaba 2 euros sigue costando 2,80.
Y aquí aparece una de las grandes confusiones que tenemos cuando hablamos de inflación.
Escuchamos en las noticias:
“La inflación está bajando.”
Y pensamos:
“Perfecto. Entonces empezarán a bajar los precios.”
Pues no.
Normalmente no.
Que la inflación baje no significa que los precios bajen.
Significa que siguen subiendo, pero más despacio.
Y esto es importantísimo.
Imaginemos que algo costaba 100 euros.
Un año sube un 10%.
Ahora cuesta 110.
Al año siguiente la inflación cae hasta el 3%.
Magnífica noticia.
Pero ese producto no vuelve a costar 100.
Pasa a costar aproximadamente 113.
La inflación ha bajado muchísimo.
El precio no.
Para que los precios bajasen de forma generalizada necesitaríamos entrar en deflación.
Y eso es otra historia completamente diferente.
Por eso muchas personas tienen la sensación de que las estadísticas oficiales dicen una cosa mientras su bolsillo les cuenta otra.
No necesariamente porque las estadísticas estén mal.
Sino porque estamos hablando de cosas diferentes.
El dato de inflación mide el ritmo al que cambian los precios.
Nosotros miramos cuánto nos cuesta hacer la compra.
Y nuestra memoria recuerda perfectamente que aquello que hoy cuesta 4,50 euros hace unos años costaba 3.
Nos importa bastante poco que ahora suba un 2% en lugar de un 8%.
Los 4,50 euros siguen saliendo de nuestra cuenta bancaria.
Este detalle además provoca otro fenómeno bastante interesante.
Cuando un precio sube durante un periodo inflacionista y el consumidor termina aceptándolo, existe muy poco incentivo para devolverlo a su nivel anterior.
Supongamos que un restaurante cobraba 10 euros por determinado plato.
Sus costes suben y decide cobrar 12.
El cliente protesta durante dos semanas.
Después se acostumbra.
Pasan los meses y algunos costes vuelven a bajar.
La pregunta es bastante sencilla:
Si el restaurante continúa lleno cobrando 12 euros, ¿por qué iba a volver a cobrar 10?
Bienvenidos de nuevo a la pluma.
Y así, poco a poco, las subidas temporales pueden terminar convirtiéndose en precios permanentes.
Esto es probablemente una de las cosas que más cuesta entender cuando atravesamos un periodo de inflación elevada.
Esperamos que cuando termine el problema todo vuelva a donde estaba.
Pero normalmente no funciona así.
Si durante varios años los precios han subido un 5%, un 7%, un 4% y después un 2%, no hemos deshecho la inflación anterior.
La hemos acumulado.
Es como subir cuatro escalones de una escalera y después reducir la velocidad.
Sigues cuatro escalones más arriba.
Simplemente ahora subes más despacio.
Y por eso la inflación tiene una característica especialmente puñetera: es muy fácil acostumbrarse a verla subir y muy difícil recuperar el terreno perdido.
Los salarios pueden intentar seguirla.
Las pensiones pueden actualizarse.
Las empresas pueden subir precios.
Pero quien mantiene el mismo dinero y los mismos ingresos mientras todo a su alrededor se encarece va perdiendo poder adquisitivo casi sin darse cuenta.
Un poquito cada año.
Hasta que diez años después mira hacia atrás y se pregunta cómo demonios una compra normal del supermercado ha terminado costando aquello.
El cohete hizo su trabajo rápidamente.
La pluma, mientras tanto, sigue flotando.
Y quizá nunca llegue al suelo.
Suerte.
Y esto ha sido todo por hoy.
¡Hasta pronto! 👋🏼
Salva
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